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 Septiembre 2011

Volcanes: Erupción Villarrica 1640

Diego Barros Arana rescató en su “Historia General de Chile” el relato de la erupción de febrero 1640, que había registrado el jesuita Alonso de Ovalle en Roma, Italia en 1646, en “Histórica Relación del Reino de Chile”. 


Y fue así que en la tierra y jurisdicción del cacique Aliante reventó un volcán (el de Villarrica), y comenzó a arder con tanta fuerza que arrojaba de dentro peñascos y grandes montes encendidos, con tan formidable estruendo que del espanto y pavor, afirman, mal parieron todas las mujeres que en todo aquel contorno había preñadas. Viéronse en este tiempo en el aire formados dos ejércitos y escuadrones de gente armada, puestos en campo y orden de pelea, el uno a la banda de nuestras tierras, donde sobresalía y se señalaba un valiente capitán en un caballo blanco, armado con todas armas, y con espada ancha en la mano, desenvainada (el apóstol Santiago), mostrando tanto valor y gallardía que daba alientos y ánimo a todo su ejército y le quitaba al campo contrario; el cual se vio plantado a la parte de las tierras del enemigo; y acometiéndole el nuestro le dejó desbaratado en todos los encuentros que tuvieron, representación que les duró por tiempo de tres meses para que hubiese menos que dudar. Fue en tanta cantidad la piedra que arrojó el volcán y tan encendida, y tanta la magnitud de la ceniza ardiendo que cayó en el río de Alipen, que ardían las aguas de manera que cocieron cuanto pescado había en él, y corriendo su raudal hasta juntarse con el río de Toltén, que es muy grande, le calentaron e hicieron hervir sus corrientes causando los mismos efectos desde que se juntaron los dos ríos hasta la mar; de suerte que por tiempo de cuatro meses ni se pudieron beber sus aguas ni probar el pescado que muerto dio en sus playas y marginó sus riberas, por el mal olor y sabor que el azufre le daba; y lo que no menos espanta, con la abundancia de ceniza y piedras que el volcán arrojaba, rebalsaron estos ríos, y rebosaron sus corrientes tanto que llegaron sus aguas espesas como argamasa a inundarles sus campos hasta entrárseles por las puertas de sus casas, con tenerlas sitiadas en lomas, laderas y sitios eminentes. Prosiguió el fuego del volcán con tal tesón y violencia, que partió por medio el cerro por donde abrió boca cuando reventó, dejándole dividido en dos pedazos, el uno que cayó a la parte del oriente y el otro a la del occidente, y la laguna de la Villarrica creció hasta derramarse por los campos, inundando las tierras y pueblos de los indios, que huyendo de la furia con que se les entraba por sus casas, no paraban hasta ganar las cumbres de los montes, donde aún se hallaban mal seguros de tanto peligro. Ni aumentó poco su pavor y miedo la espantosa vista de un árbol que vieron correr sobre las aguas tan sesgo y derecho que no lo estuviera más asido de sus raíces a la tierra que le produjo. Iba todo él ardiendo, y en su seguimiento una bestia fiera, llena de astas retorcidas la cabeza, dando espantosos bramidos y lamentables voces...Éstas son las señales, añade, que parece haber dado el cielo de que quiere Nuestro Señor rindan ya (los indios) su cuello al suave yugo de su cruz y ley evangélica por medio de la obediencia y sujeción a nuestro católico Rey». En todo este tejido de prodigios, en que no hay más verdad que la erupción del volcán de Villarrica, se descubre naturalmente el propósito de presentar aquellas negociaciones como un suceso providencial operado por el cielo en favor de los españoles.

Bibliografía:
Barros Arana, Diego, Historia General de Chile. Editorial Universitaria, 2000, Tomo IV, Pág. 265.
Ovalle, Alonso de, Histórica Relación del Reino de Chile. Editorial Pehuén, 2003, Biblioteca del Bicentenario. Pág. 420-423.

Nota.-
Alipen. Se refiere al río Allipén, que nace en la falda sur del volcán Llaima y es afluente del río Toltén. Ambos ríos se unen a unos 30 km al NO del lago Villarrica.

Texto: Iván Ulloa Metzger

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