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Sentir a Dios es fácil, La clave está en poder entender la naturaleza. Dios se expresa mediante la naturaleza, y desde allí concede sus dones al hombre. El «truco» de Dios consiste en que puede manifestar sus temperamentos, sus estados de ánimo, valiéndose del paisaje. Así, en el Cabo de Hornos se perciben la ira y la fuerza del Creador; así, en la cordillera de Los Andes dejó testimonio de su majestuosa capacidad de diseño telúrico. Así, en todas partes está su mensaje, su expresión y la constante presencia Suya. Pero hay un lugar favorito de Dios, en donde El se siente plenamente a gusto. Ese lugar es Pucón, que en mapuche significa «paso hacia», y que en lenguaje turístico quiere decir «donde Dios está contento de su propia obra». Porque no existe en Chile -y tal vez en el mundo- un espacio natural que ofrezca un conjunto de atractivos «diseñados» de modo tan armónico, Y esto que es un privilegio, es también una responsabilidad muy seria para quienes tienen la fortuna de vivir allí o de encontrarse, como turistas, en su entorno simultáneo de ríos y lagos, volcán y bosques, senderos y recodos imprevistos. Cuando alguien pregunta por la historia de Pucón la respuesta tendría que ser: «Esta historia es ahora; y parte de esta historia es de su exclusiva responsabilidad». ¿Por qué? Por las siguientes razones.
Primero: ninguna concesión se hace a título gratuito; mucho menos los dones que otorga el Creador, porque sus obras tienen un destino de eternidad. No es disculpable, por ejemplo, que un turista maravillado por la excelencia de la pesca de truchas en el lago y en los ríos puconinos, pretendan aprovechar este recurso en forma desmedida. Es cuestión de conciencia más que de ordenanzas legales. Del mismo modo, tampoco tiene disculpa frente a su propia conciencia, quien atenta contra la armonía del ambiente, contaminando o infiriendo daño en sus delicadas estructuras. Esa no es la forma de sentir a Dios.
Segundo: asimismo, es imperdonable la destrucción del bosque nativo. Y tampoco tiene justificación moral ni legal la actitud de algunos residentes que, motivados por intereses absolutamente personales, impiden que el turista pueda deslumbrarse y disfrutar de algunas maravillas del entorno de Pucón, como son las alambradas que vedan el acceso a los saltos del Marimán, en el río Trancura; o el establecimiento de playas «privadas» en los márgenes del lago Villarrica. Eso no sólo es egoísta: también es un absurdo turístico, tanto como lo es el abandono y descuido de la Costanera que rodea la Poza. El mensaje que Dios ha «redactado» en el paisaje de Pucón es simple: «Los recursos turísticos son frágiles y perecederos».
Los visitantes tienen derecho a ser personajes principales en el escenario ambiental de Pucón, pero no pueden eximirse de los deberes que toda persona culta tiene frente a la naturaleza. Los residentes también tienen derechos y obligaciones, como corresponde a «dueños de casa concientes de su responsabilidad. Y así nos entendemos. Esta es la historia de Pucón que realmente interesa: la historia que está ocurriendo hoy.
Juan Gana, Enero 1993 Artículo de Revista Pucón Hoy N° 4 Derechos reservados © Punta Sur Ltda. 2001-2007
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