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El libro “Catástrofes en Chile 1541 – 1992” de los autores Rosa Urrutia de Hazbún y Carlos Lanza Lazcano, describe el episodio en su pagina 315 a 316:
A comienzos de marzo de 1963 empezó a notarse actividad en el volcán Villarrica, con explosiones continuas y regulares de escorias y fragmentos de lava cadente desde el cráter principal, que al caer sobre los flancos derritieron las nieves eternas, al mismo tiempo que por otro cráter salía lava hacia el costado sur oeste. Esta erupción terminó el 12 de marzo y se repitió en la misma forma entre el 13 y 22 de abril, aumentando, en esta ocasión, el caudal de los ríos por efectos del desborde de la lava de las corrientes primitivas. El 2 de mayo, precedida y acompañada de movimientos sísmicos, se elevó una gruesa columna de humo a una altura superior a los mil quinientos metros, cayendo una lluvia de cenizas sobre Pucón, a la vez que del cráter principal bajaba una ancha corriente de lava que tomó el cauce de los ríos hacia el norte del volcán, arrasando un puente de madera sobre el río Huichapio, entre Pucón y Villarrica. El 21 de mayo hubo una nueva y violenta erupción de lava que bajó hacia el sector sur occidental, derritiendo la nieve y produciendo avalanchas que siguieron el sistema fluvial de los ríos Seco, Escorial y Chaillupén, en el trayecto de Villarrica hacia Coñaripe; se destruyeron los puentes sobre los mencionados ríos, quedando aislados más de seis mil habitantes, la mayoría pequeños agricultores de los sectores fronterizos de Coñaripe, Liquiñe y Trufin; parte del camino Internacional hacia San Martín de Los Andes se destruyó; fueron devastadas decenas de viviendas, un aserradero completo, animales y productos agrícolas. Las autoridades locales tomaron medidas de emergencia; en los primeros días, a las localidades aisladas se les proporcionó alimentos con un servicio combinado de lanchones a través del lago Calafquén y camiones hasta los sectores damnificados. Las reparaciones de las vías de comunicación fueron realizadas por cuadrillas de trabajadores de la dirección de Vialidad y una sección de zapadores del regimiento de Ingenieros de Arauco. El 11 de septiembre del mismo año 1963, otra pequeña erupción escurrió lava hacia las localidades de Molco, Huincara y Chaillupén; las columnas de humo se elevaron a quince mil pies de altura; pequeños poblados quedaron aislados y se interrumpieron las comunicaciones telefónicas a causa de los deslizamientos de tierra.
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