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Historia de Pucón y su gestación

La cuenca hidrográfica de Villarrica involucra a las comunas de Curarrehue, Pucón y Villarrica, cuya historia también es común y entrelazada.

Además del apetito por los metales nobles que traían los conquistadores Españoles, su afán de exploración de nuevos territorios no tenía límites.

Encontrándose Don Pedro de Valdivia, ya muy cerca de la jurisdicción territorial autorizada por el Rey de España para su conquista, cuando llegó a estas tierras y fue informado por los nativos, de un muy fácil paso cordillerano, para salir al oriente y que ha no más de cien leguas se encontraba la mar del norte (Atlántico). Por lo que envió a Don Jerónimo de Alderete a fundar una ciudad en las orillas del lago Mallolafquen.

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Después de fundar Villarrica, transmontó la cordillera recorriendo las provincias Argentinas de Neuquén y Río Negro, empresa que acometió junto a Don Francisco de Villagra.

Posteriormente, Don Jerónimo de Alderete fue comisionado por El Conquistador, dirigirse a España para solicitar al Emperador Carlos V, del cuál Don Jerónimo de Alderete había sido paje, un aumento del territorio por conquistar que llegaba hasta el estrecho de Magallanes. A su vez Don Jerónimo solicitó, para sí, desde el estrecho de Magallanes al Sur.

Las crónicas de la conquista, escritas por Don Aurelio Díaz Meza, relatan la fundación de Villarrica:

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CIUDAD RICA

Cuando Pedro de Valdivia se dirigió desde Imperial hacia el río Calle-Calle, para explorar sus riberas, sus valles y el hermoso Puerto, (Valdivia) descubierto por Pastene, ocho años antes, con el propósito de fundar por allí una nueva ciudad que fuera la metrópoli austral de su gobernación, llegó al río Toltén, y lo cruzó en "balsa de carrizo", con sus caballos a nado, sin dar importancia a las bravatas de los indios que se habían juntado en la orilla opuesta en son de resistencia. Una vez al otro lado, continuó hacia el oriente siguiendo el curso del río aguas arriba, y llegó después de cinco días de marcha, hasta un hermosísimo lago que los indígenas llamaban Mallohuefquén (Villarrica). Esta laguna era el nacimiento del río Toltén.

Corría el mes de Diciembre de 1551.

Encantado El Conquistador con la hermosura de la región, dispuso, después de haber dejado en descanso su tropa durante dos días, que se continuara la marcha siempre hacia el oriente, bordeando el lago, y así llegó, sin dificultades, hasta Pocón, pueblo de indios situado al pié de la cordillera Andina. Tanto los indígenas que había encontrado por las riberas, cómo los del poblado de Pocón, se mostraron no sólo pacíficos, sino amistosos y accesibles; no le costó nada, en consecuencia, entrar en relaciones cordiales con Ellos, mediante algunas dádivas insignificantes, y de ser informado de algo que llenó de contento al Conquistador y a su gente; por las cercanías y principalmente en ciertas faldas de la cordillera, existían minas de oro y plata en cantidad o proporción fabulosa, al creerles a los Indios.

Mentirosos eran estos diablos, pero en este caso no sería tan total la mentira; no costaba nada cerciorarse, por lo demás, y la ocasión era propicia, pues los mismos Indios se ofrecieron para traer muestras del metal blanco que, según Ellos, estaba a flor de tierra. Cuanto al oro, un superficial examen de las arenas orilleras del lago, de los arroyos que se vaciaban en él, y aun de las arenas del río Toltén, demostró que efectivamente abundaba en ellas el metal rubio.

Las exploraciones o incipientes cateos que hicieron, en compañía de los Indios-guía, los soldados mineros, Almonacid, Coronas y Rodrigo Alonso, resguardados por una veintena de jinetes y arcabuceros, confirmaron plenamente la existencia de esas minas de plata en la cordillera, "y ellas se mostraron tan ricas, que trajeron una buena muestra de la plata que en ellas había". Según afirma Pedro Olmos de Aguilera, que fue uno de los exploradores.

Pedro de Valdivia hubiera ordenado que inmediatamente se fundara por allí una ciudad, si el objeto de la actual expedición no fuera el de alcanzar hasta el río Calle-Calle, para fundar otra ciudad y puerto; pero refrenó sus impulsos del momento, y dio la orden de marchar hacia el sur. Por cierto que dejó cerca de Pocón las convenientes señalizaciones para que los expedicionarios que vinieran después no se desorientaran en cuanto a sus deseos.

Orillando la base del volcán Mallohuefquén, vecino a Pocón y la hermosa y extensa laguna de Panguipulli, cayó al valle llamado de la Mariquina, en donde asentó su campo para emprender, descansadamente, la última etapa hacia el Calle-Calle. Los hechos que acontecieron durante los meses de Enero Y Febrero de 1552, pertenecen a la fundación de Valdivia que tratamos en otra parte. Concluidos los actos administrativos inherentes a la fundación de esta ciudad, el Conquistador envió a su teniente y amigo Jerónimo de Alderete a echar la planta del fuerte que había ideado levantar a orillas del lago Mallohuefquén para que sirviera de defensa al "asiento" de sus ricas minas de plata y de sus no menos ricos lavaderos de oro.

Con sesenta soldados salió de Valdivia el capitán Jerónimo de Alderete en la segunda quincena de Marzo, para dar cima al proyecto, mientras el Conquistador continuaba su exploración hacia el sur. Alderete atravesó sin inconvenientes el valle de la Mariquina. Y enderezó hacia la región de los lagos, rumbo al oriente; pero este viaje no fue tan tranquilo como el anterior; los Indios andaban alborotados, y al orillar el lago Panguipulli se desvergonzaron tanto, que el capitán se vio obligado a presentarse en línea para desbaratarlos y destruir un pucará que habían hecho de gruesos troncos en un paso del río Iñaque.

Mientras más avanzaba hacia el lago Mallohuefquén, más resistencia encontraba la expedición, era indudable que todos los nativos de la región habían sido soliviantados durante el tiempo que el Conquistador estuvo ocupado en la fundación de la ciudad de Valdivia. Cuando Alderete llegó a Pocón, fue detenido por varios escuadrones de Indios, los cuales le obligaron a presentar una gran batalla, felizmente sin mayores consecuencias para los Españoles.

El estado de la región, tan distinto de cómo lo habían encontrado la primera vez, aconsejó a Alderete no fundar la proyectada ciudad de Pocón, según lo había ideado Valdivia; encontrábase este sitio muy internado él la cordillera de la nieve y bastante lejos de las ciudades de Valdivia e Imperial, que estaban llamadas a socorrerla en un caso de apuro.

Aunque las minas de plata iban a quedar mas lejos del nuevo fortín y ciudad, el capitán resolvió abandonar el primitivo proyecto y regresar al extremo occidental del Lago Mallohuefquén; habría por allí algún sitio aparente para levantar el fuerte, el cual, en este caso, quedaría más cerca de las ciudades recién fundadas, con las cuales debería estar en contacto.

Llegó la expedición cerca del desaguadero de donde procede el río Toltén, y en una planicie alta, al amparo de todos los vientos, con buena aguada y bastante madera, resolvió el jefe levantar el fuerte de la nueva ciudad. Empezó los preparativos de la construcción acumulando maderas, de los árboles más gordos, y cavando los fosos que debían circundar la fortaleza, como era de rigor, y al mismo tiempo tiró los planos para la delineación de la ciudad, a la cual le asignó unas catorce manzanas alrededor de una plaza de Armas. El fuerte y la población iban a quedar encajados en una saliente de tierra que se internaba en el lago, formándoles una defensa natural por el norte, por el este y aún por el oeste.

Pero estaban aún en los principios de los trabajos, cuando los conquistadores tuvieron que cambiar las azadas, las hachas, y los martillos por las espadas y arcabuces; una turba de indios, en número incontable, encabezada por Mapulef, Señor de esas tierras, cayó en la noche del 2 o del 4 de Abril sobre el campamento español y obligó a sus tropas a defenderse en no muy buenas condiciones, por lo menos al principio. La batalla duró una media hora, antes de amanecer y amaneciendo, es decir. El tiempo que demoraron los Españoles en atalajarse y tomar las armas. Se hizo muchas muertes y recogidas de estos indios.

La forma desusada en que los indígenas habían emprendido este asalto, (los indios no acostumbraban a combatir de noche) denotaba una audacia y un desvergonzamiento elevados al cubo; jamás, hasta entonces, los indios Chilenos habían presentado batalla, sino de día; era pues, una circunstancia digna de ser considerada para el futuro, y en adelante los conquistadores se vieron obligados a trabajar con sus armas al cinto y con vigilancia de centinelas alertas, durante las modorras de la noche.

Por cierto que apresuraron en todo lo posible los trabajos del fuerte y éste estuvo en situación de prestar servicio antes de tres o cuatro días, al término de los cuales, allí por mediados de Abril, el capitán Jerónimo de Alderete procedió, con las solemnidades de regla, a la ceremonia de fundar la ciudad, cuyo nombre fue simplemente de Rica.

Armado de todas sus armas, y teniendo a su frente a toda su expedición, formada en batalla, Alderete hizo plantar en la Plaza la orca y el rollo y alzando en su mano izquierda el pendón del Conquistador Pedro de Valdivia, su Señor, declaró que fundaba el fuerte y Ciudad Rica, para la propagación de la fe católica entre los infieles y sustentamiento de estos reinos del Emperador.

A continuación firmó el acta y creó el poder municipal, nombrando alcaldes ordinarios a Francisco Dávila e Hipólito de Camargo y regidores Francisco Cornejo, a Juan de Haro, a Juan de Vega y a Juan Morán de la Cerda. El primer escribano de ciudad Rica, fue el cabo Rodrigo Salas.

Según las ordenes que habían recibido del Conquistador el capitán Alderete debía juntarse con él, a fines de Abril, en Concepción; de manera que apresuró su diligencia, para dejar a la nueva Ciudad Rica con sus variados problemas resueltos antes de partir. Distribuyó los solares en la ciudad, repartió encomiendas y Chacras, dispuso lo relativo al único objeto, que en realidad, había inducido al Conquistador a fundar esta ciudad, que era el trabajo de explotación de las minas de plata de la cordillera y los lavaderos de oro, en las riberas del lago y del río Toltén y por último, nombró la autoridad que iba a tener la representación directa del Gobernador, o sea el Corregidor y Justicia Mayor; este cargo recayó en el capitán Cordobés Pedro de Aguayo, recién llegado a Chile, con Francisco de Villagra.

Ultimadas estas disposiciones el fundador Alderete partió hacia Imperial para seguir de ahí a Concepción, con treinta soldados de los setentas que le había entregado el Conquistador en Valdivia. Había dejado cuarenta en la recién fundada Ciudad Rica.

Los primeros encomenderos y vecinos de Ciudad Rica fueron, además de los miembros del Cabildo: Juan López de Trábago, Antonio de Torres, Pedro de Aranda Valdivia, Pedro de Salcedo, Juan Fernández de Puertocarrero, Juan Bautista de Chiavarri, Francisco Vásquez de Eslava, Pedro de castillo, Alonso Corona, Diego Pérez Payán, Rodrigo Alonso y Pedro Hernández de Córdoba. Entre los cuarenta vecinos-encomenderos, había más de veinticinco que eran mineros.

Durante los dos años que duró en pié esta ciudad, en esta su primera fundación, no dieron gran producto sus minas, tal ves influiría en ello la intranquilidad y el desconcierto que se iba produciendo en las ciudades y región Austral con motivo del formidable alzamiento de Lautaro, lo que ocasionaba una escasez de indios de servicio que tenían paralizados los trabajos mineros. Sin embargo los vecinos de Ciudad Rica no ocultaban las grandes expectativas que tenían en sus minas de plata y oro; ante tal optimismo el conquistador pidió al monarca que fiziera Mercedes, a la nueva ciudad minera que tanto rendimiento en quintos reales habría de dar a la corona, y estas Mercedes, no tardaron en venir en forma de una real Cédula, fechada en 18 de Marzo de 1554, por la cual el Emperador Carlos V otorgó, a la ciudad Rica, el título de Villa y un escudo de Armas, que haya en él una laguna, en campo de oro y en medio de ella una isla y en la isla un pino verde y un león de color, puesto en dos pies, la una mano puesta en lo alto del pino y la otra más baja, y por la orla del dicho escudo un yelmo cerrado con dependencias e follajes de oro y azur e por divisas, sobre el yelmo, un león de oro de medio cuerpo arriba.

Por una de esas ironías del destino, la Real Cédula llegó a Chile, cuando la ciudad Rica o Villarrica había sido destruida por las huestes de Lautaro, en 1556.

Entre el año 1552 y el año 1602, año de la destrucción de la ciudad de Villarrica por parte de los aborígenes, se constituyó una población de Españoles que llegaron a sumar 1.500 personas.

Los Españoles no sólo poblaron la ciudad, sino que por medio de las encomiendas repartidas, ocuparon gran parte de la cuenca del Villarrica. Vestigios de miradores fortificados de pequeño tamaño existen a lo largo del río Liucura, hasta su nacimiento. Ruta inicial para alcanzar los boquetes cordilleranos, que a su ves tienen fortificaciones indígenas llamadas Pucaras.

Cerca de Villa San Pedro, en la comuna de Pucón, el arqueólogo don Américo Gordon trabajó estudiando un asentamiento Español, con una encomienda de 500 indígenas, en que se instaló un laboreo minero dentro del río Liucura, al cuál se le modificó el curso original, en busca del oro de aluvión. Es conocido el lugar cómo "La Casa-Fuerte Santa Silvia"

Para los amantes de la Historia de nuestra zona, recomendamos leer:

La historia de la Villarrica del historiador J. Guillermo González Díaz
Así Nació La Frontera de Ricardo Ferrando K.

Así, en casi trescientos años la cuenca del Villarrica, fue habitada exclusivamente por El Pueblo Mapuche o Araucano, interrumpida por muy pocos viajeros, cómo El Padre Jesuita, Diego Rosales, que al ser considerado un machi blanco, era respetado y tolerado su paso, por su conexión con el mundo del más allá.

Texto: Gonzalo Ulloa Bohn

Derechos reservados © Punta Sur Ltda. 2001-2007


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